Morfeo

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Cerré una vez más mis ojos, está vez para no despertar, otra vez soñaba contigo...
Me mirabas débilmente y tus bellos ojos brillaban, recuerdo que me besabas como nunca antes y que de pronto te empuje, te golpeé, no sé muy bien por qué, pero retrocedí y el odio corrió por mis venas, odio porque me haces amarte y eres sólo una bendita ilusión maldecida.
Sigo durmiendo, sigo entre tus brazos mi querido Morfeo, eres como una fantasía frustrada, pero tan hermoso, tanto... me palpabas con tanta tristeza, así como si tú tuvieras miedo de que yo despertará. Hasta que abrí los ojos, desperté y te seguí inventando con mi desolación, después te volví a buscar en mi almohada, pero ya no, ya no volví a soñar contigo.
Melpómene.

Avverto la tua presenza

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Aunque siento que tu presencia
Esta cargada de terror,
Tú esclavizas mi alma,
Maldito seas condenado
Porque te condenaste al deshonrar tus labios
Cuando besaste los míos.
Melpómene.

Tuve que hacerlo

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Sus manos estaban sucias,

su cara descolorida y desgarrada,

quiso arrancarse la piel,

morder su alma,

dejar la sangre estancada,

pero ¿Quién era aquel ente tan patético y olvidado?

...era mi reflejo,

descompuesto y aterrado,

un ente decepcionado o culpable de su propio destino.

¿Qué he hecho, te he dañado?

que pregunta tan estúpida,

ya me he matado y me arrepiento,

Ya no quiero mirar mi sangre ardiente, derramada y podrida.

Quiero hundirme, pues mi dulce venganza he escogido

aunque el corazón se me caiga a pedazos

Debo una vez más destruirlo.
Melpómene.

El amor mediocre

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María Luisa Bombal. Obra de Jorge Larco

El árbol


(Fragmento)

"Chopin y la lluvia que resbala por las hojas del gomero con ruido de cascada secreta, y parece empapar hasta las rosas de las cretonas, se entremezclan en su agitada nostalgia.
¿Qué hacer en verano cuando llueve tanto? ¿Quedarse el día entero en el cuarto fingiendo una convalecencia o una tristeza? Luis había entrado tímidamente una tarde. Se había sentado muy tieso. Hubo un silencio.
—Brígida, ¿entonces es cierto? ¿Ya no me quieres?
Ella se había alegrado de golpe, estúpidamente. Puede que hubiera gritado: "No, no; te quiero, Luis, te quiero", si él le hubiera dado tiempo, si no hubiese agregado, casi de inmediato, con su calma habitual:
—En todo caso, no creo que nos convenga separarnos, Brígida. Hay que pensarlo mucho.
En ella los impulsos se abatieron tan bruscamente como se habían precipitado. ¡A qué exaltarse inútilmente! Luis la quería con ternura y medida; si alguna vez llegara a odiarla, la odiaría con justicia y prudencia. Y eso era la vida. Se acercó a la ventana, apoyó la frente contra el vidrio glacial, Allí estaba el gomero recibiendo serenamente la lluvia que lo golpeaba, tranquilo y regular. El cuarto se inmovilizaba en la penumbra, ordenado y silencioso. Todo parecía detenerse, eterno y muy noble. Eso era la vida. Y había cierta grandeza en aceptarla así, mediocre, como algo definitivo, irremediable. Mientras del fondo de las cosas parecía brotar y subir una melodía de palabras graves y lentas que ella se quedó escuchando: "Siempre". "Nunca"...
Y así pasan las horas, los días y los a os. ¡Siempre! ¡Nunca! ¡La vida, la vida!"

María Luisa Bombal