La casa de al lado

|
- Es que sabes ese momento fue tan maravilloso, me sentí tan lejos y alejada de todo, sólo era yo y yo.

Estaba en la casa de la cultura de Maldonado y vi a Hugo Fattoruso cantautor uruguayo. Justamente tocó esta canción cuando se me vinieron mil cosas a la cabeza, la música empezó a sonar y la voz de él me envolvió, me hundí en lo que decía la canción y me provocó una profunda nostalgia, no mala, sino que una nostalgia con retazos de agradecimiento de poder haber disfrutado ese pequeño y sencillo momento.
Quise compartir esta hermosa letra con las pocas personas que leen este blog, si tienen la oportunidad de bajar la canción... bajenla.


(la foto la saque yo)
No hay tiempo no hay hora, no hay reloj.
No hay antes, ni luego, ni tal vez.
No hay lejos, ni viejo, ni jamás
en esta olvidada invalidez

Si todos se ponen a pensar
la vida es más larga cada vez
Te apuesto mi vida una vez más
Que aquí no hay durante, ni después

Dejá no me lo repitas más
nosotros y ellos vos y yo
que nadie se ponga en mi lugar
que nadie me mida el corazón

La calle se empieza a incomodar
El baile del año termino
los carros se encargan de cargar
los restos del roto corazón

Acá en esta cuadra viven mil
clavamos el tiempo en un cartel
Somos como brujos del reloj
ninguno parece envejecer

Mi abuelo me dijo la otra vez
me dijo me abuelo que tal vez
su abuelo le sepa responder
si el tiempo es más largo cada vez

Discrepo con aquellos que creen
que hay una sola eternidad
descrean de toda soledad
Se engaña quien crea la verdad

Aquí no hay tango, no hay tongo, ni engaño
Aquí no hay daño que dure cien años
Por fin buen tiempo aunque no hay un mango
Estoy llorando toy me acostumbrando
Estoy llorando...

Se pasa el año, se pasa volando

No pasa el tiempo, no pasan los años,
invento cosas, con cosas de antaño.
A nadie espera la casa de al lado.
Se va acordando
Se acuerda soñando.

Por eso te pido una vez más tomatelo con tranquilidad
Puede ser ayer, nunca o después,
pero tu amor dame alguna vez...

La chica más guapa de la cuidad

|

"-La culpa la tienes tú por aceptar la copa.
-Yo creía que se interesaban por mí, no sólo por mi cuerpo.
-A mí me interesas tú y tu cuerpo.
Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo. Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría
-Vaya, cabrón, has vuelto. Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nunca la había visto vestida así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.
-Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza...
-No, no seas tonto, es la moda.
-Estás chiflada.
-Te he echado de menos -dijo.
-¿Hay otro?
-No, no hay ninguno. Sólo tú.
Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
-Sácate esos alfileres.
-No, es la moda.
-Me hace muy desgraciado.
-¿Estás seguro? Sí, mierda, estoy seguro.
Se sacó lentamente los alfileres y los guardó en el bolso. -¿Por qué estropeas tu belleza? -pregunté
-. ¿Por qué no aceptas vivir con ella sin más?
-Porque la gente cree que es todo lo que tengo.
La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
-Vale -dije-, tengo mucha suerte.
-No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
-Gracias. Tomamos otra copa.
-¿Qué andas haciendo? -preguntó.
-Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
-A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
-No creo que quisiese establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
-Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso.
Salimos juntos. Por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca. Fuimos a casa y abrí una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil, sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa... de aquella manera que sólo ella podía reírse.
Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quitó aquel vestido de cuello alto y lo vi... vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.
-Maldita sea, condenada, ¿qué has hecho?
-dije desde la cama.
-Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún? La arrastré a la cama y la besé. Me empujó y se echó a reír:
-Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
-Sí -dije-, no puedo parar de reír... Cass, zorra, te amo... deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco. Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso. Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó:
-¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!
Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutían ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos mucho. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como un fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente: "No". La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui. Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fábrica y trabajé todo lo que quedaba de la semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas.
Cuando estaba ya bastante borracho, me dijo el encargado.
-Siento lo de tu amiga.
-¿El qué? -pregunté.
-Lo siento. ¿No lo sabías?
-No.
-Suicidio, la enterraron ayer.
-¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro, ¿cómo podía haber muerto?
-La enterraron las hermanas.
-¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
-Se cortó el cuello.
-Ya. Dame otro trago.
Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel "no". Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años. Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé:
"¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!". Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.
Charles Bukowski

Declaro que...

|
Se me viene tu nombre a la cabeza,
conozco tan poco de ti
eso es lo que me gusta.
Me gusta no saber de ti
así no hay decepciones
Me gusta no conocerte
No me prometes nada
Amas tu libertad y yo no,
Pero me gusta que ames tu libertad.
Me gusta no saber quién eres
Es mejor así, porque te puedo crear,
inventar y moldear como yo quiera,
moldeado a mi manera eres perfecto
amo la idea que tengo de ti
quizás no seas real
ya no me importa, pues
¿qué importa si eres real?
quédate allá lejos de mi
quédate y déjame con esa ilusión