Tenebrosos suplicios de mi alma acosan mi melancolía,
que cada vez más destroza...
olvida falsas agonías
no querrás morir en tu maldita ternura.
Tú y tu cantar silencio mortal.
Tu mirada opaca resplandeciente
tu posición actual y tu piel
te hacen parecer tan firme como una estatua,
una estatua que no escucha lo que su corazón quiere gritar.
Eres todo tan perfecto que sólo te mereces un bendito altar
para darte las gracias,
por haberme convertido en la misma estatua que eres hoy.
una estatua que no siente su alma
y no escucha su corazón...
una estatua que se alimenta de tu sombra
sedienta de tu sangre y de tu frío corazón,
pero tú simplemente no te das cuenta,
pues eres una estatua ciega.
Así al frente tuyo suspiro profundamente, inhalo mi dolor...
dolor que no siento, puesto que he perdido los sentidos, gracias a ti.
Pobre ente que hicieron de ti
y ¿Qué queda de mi?
sólo una estatua melancólica, fría y sedienta
una estatua que espera,
espera de ti sólo una dulce gota de sangre,
sólo un suspiro y un corazón.
Melpómene.


2 comentarios:
Hace ya unos años un amigo me contó cierta historia sobre un hombre que todos los días iba al mismo parque para contemplar una estatua de la que había caído perdidamente enamordo,era bastante bonito pensar que cada uno de nosotros tiene un exterior dura que guarda lo que en realidad somos. Un abrazo.
Aunque se cubra de escarcha, debajo lo que late está caliente; eso es seguro.
Publicar un comentario